Otra vez los vecinos exponen el desastre del transporte público. Esta vez, las imágenes muestran asientos destruidos y colectivos en condiciones deplorables, reflejando el abandono total que sufren quienes usan el servicio todos los días.
Pero el problema no termina ahí: a los colectivos detonados se suman calles hechas pedazos, llenas de baches y sin mantenimiento. Una combinación explosiva que hace que cada viaje sea una tortura para miles de jujeños.
Mientras la gente paga el boleto y aguanta viajar así, las respuestas no aparecen. Las denuncias se acumulan y la bronca crece porque el servicio empeora cada vez más y nadie parece hacerse cargo de la situación.
El malestar ya es generalizado. Los usuarios apuntan contra la falta de controles, el abandono de las unidades y la desidia de una gestión que no logra solucionar ni el estado de los coles ni el de las calles.
